|
EMBAJADOR MORO.-Fortuna
favorable,
pon en tu rueda un clavo,
y mantente involuble,
constante siempre y firme en ampararnos.
Sigan, deidad hermosa,
de tus benignas manos
las gracias que franqueas
a los felices héroes mahometanos.
Nuestras armas dichosas
se ven por vos triunfando,
ufanas y altaneras
del infelice y mísero Cristiano.
Vuestro favor, auspicio
y benéfico amparo,
nos asiste, protege
y a miles las victorias nos ha dado.
Mi monarca invencible,
Mahomad, a cuyo brazo
no hay poder que se oponga
en todos los demás reinos hispanos.
Aquél que ya vencidos
numera pueblos tantos,
que no se halla guarismo
para poder siquiera registrarlos;
aquél ante quien gime
el cristiano postrado,
y estremecido teme
el valor invencible de su brazo;
aquél, en fin, insigne
y valiente soldado,
de cuyo nombre
tiembla el aragonés como azorado.
Esto os pide sumiso;
que en la empresa en que estamos
nos deis vuestra asistencia
para hollar y rendir al alcodiano.
¡De valiente y guerrero
se jacta muy ufano,
pero, necio, no piensa;
que el famoso Al-Azraq es su contrario!
Será su resistencia
un valor muy incauto,
una osadía imprudente,
un esfuerzo falaz y temerario.
Llorarán cuanto antes,
sus yerros, aherrojados,
arrastrando cadenas
bajo el yugo y poder mahometano.
Serán a nuestras plantas,
vencidos y humillados,
¡alfombras de honor nuestro
a pesar de su orgullo necio e insano!
Los héroes musulmanes,
en su valor fiados,
impacientes esperan
el momento feliz de dar asalto.
Difíciles empresas
vencen a cada paso,
¿y esta pequeña villa
habría de servirles de embarazo?
No así lo conceptúo;
antes creo que, tanto
tardarán en rendirse,
cuanto tarden en vemos acampados.
Cuando vean al moro
con el sable en la mano,
tan marcial, tan airoso,
tan bizarro, tan fiero y tan ufano,
temblarán esos pocos
miserables cristianos,
ya voz en grito entonces
clemencia pedirán, no hay que dudarlo.
A la plaza me acerco;
dirige, Alá, mis pasos,
y pon tanta energía
a las voces que salgan de mis labios,
que convencidos queden,
que estén desengañados
y eviten el que se haga
en sus vidas y hacienda un estrago.
(El Embajador se acerca al castillo.)
¡Ah del muro!
CENTINELA.- ¿ Quién me llama?
EMBAJADOR MORO.-Quien desea ser tu amigo,
un moro que te saluda.
CENTINELA.-De tu nación no he tenido
amigos ni me acomodan.
EMBAJADOR MORO.-Si no conoces lo fino
de los pechos mahometanos,
los desprecias sin motivo.
CENTINELA..-Cuando vosotros tratáis
al cristiano con cariño,
algún interés os llama.
EMBAJADOR MORO.-Engañado has discurrido,
pues hoy vengo solamente
a buscar tu beneficio.
CENTINELA..-Beneficios de tu mano
los detesto y abomino.
EMBAJADOR MORO.- iAh, que engañado vives!
Tú mudarás de designio
cuando sepas mi intención.
Di al jefe de ese castillo
que salga, que quiero hablarle.
(Salen el Capitán, Alférez y boato cristiano)
CENTINELA.-Aquí llega ya el caudillo.
CAPITÁN CRISTIANO.-¿Quién me llama?
EMBAJADOR MORO.- Quien te estima;
quien desea ser siempre vuestro amigo.
Alá prospere, valiente alcodiano,
tus glorias, tu salud y brazo invicto,
El insigne Alamar, rey de Granada,
cuyos dominios vastos y extendidos
por límites tan sólo reconocen
su libre voluntad, me ha distinguido
entre tantos campeones musulmanes,
para enviarte salud; y así te digo
en su nombre, que está determinado
a colmarte de dones exquisitos,
conservar tus honores y grandezas,
respetar los hogares y los ritos,
de este pueblo esforzado y aliviarle
la penuria feudal en que oprimido
se encuentra el alcodiano, que escasea
el preciso sustento de sus hijos.
Si me entregas las llaves de esta villa,
si depones el loco desvarío
de proclamar por rey injustamente
a ese aragonés tan fementido;
si a Alamar Mahomad, rey invencible,
mi estimado monarca, dais oídos,
veréis luego lo fino de su pecho,
lo amable, lo leal, lo compasivo.
El, vuestro estado mísero conoce,
él advierte y repara el gran conflicto
en que estáis, ¡miserables alcodianos!I
y es sólo su intención daros alivio.
¡Ahl si supieseis de su amor lo fino,
ni un instante tan sólo os retardarais
en hacerle señor de ese castillo.
El os defenderá de todo riesgo.,
él será vuestro escudo en los peligros,
en las desgracias será vuestro consuelo,
en penas y zozobras el asilo ;
será vuestro tutor en las angustias
y será vuestro amparo en los conflictos.
En él encontraréis no un vil tirano,
sino un conquistador y rey benigno.
No será él un déspota orgulloso,
sí padre cariñoso con sus hijos.
Yo no creo penséis en resistirle,
pues será tal pensar vuestro exterminio.
Son muy pocas y cortas vuestras fuerzas
para hacer resistencia al brazo invicto
de AI-Azraq, su caudillo, que ha aplastado
los héroes valientes y aguerridos
que a su valor quisieron oponerse,
y ya su torpeza lloran vencidos.
Es su poder sin límites ni cotas
y su fuerza avasalla cuanto ha visto.
Véncelo todo con su solo nombre,
tal es el miedo y pasmo que ha infundido,
que en oyendo decir: iAI-Azraq viene!,
se le rinden las plazas y castillos.
Nunca acabar sería si intentase
sus proezas y hazañas referiros.
Ya vista de esto, ¿intentaréis vosotros
sus fuerzas resistir? ¡Ah!, no confío
penséis tan poco cuerdos, pues sería
buscaros la ruina y precipicio.
No os detengáis, y pronto resolveos,
pues conozco que estáis aún indecisos.
Mirad qué respondéis, pues mis soldados
el resultado del mensaje mío
en los montes esperan impacientes,
ansiosos de llegar pronto a este sitio.
CAPITÁN.-He oído tu arrogancia
y me displace tu soberbia vana;
no es valor la jactancia;
en la guerra el que menos habla, gana,
pues la lengua apreciada
en la escuela de Marte es la espada.
Rendidos miramientos
afectas con tus muchas expresiones,
pero es por cumplimiento
sin que pasen a más tus intenciones.
Mucho prometes ahora,
más nada cumplirás llegada la hora.
(Dirigiéndose a su Embajador.)
Embajador, contesta,
aunque no creo merezcan respuesta.
EMBAJADOR CRISTIANO.-Al que te envía di, que pocas veces
el cristiano tuvo la villanía
de entregar los castillos y las plazas,
sorprendido de dichos y amenazas.
Con la espada en la mano,
defendiendo los fueros del monarca,
vertiendo muy ufano
su sangre noble a golpes de la Parca.
rinde el aragonés las fortalezas,
pero no seducido de promesas.
EMBAJADOR MORO.- ¡Ah, deslumbrado! ¿Mi oferta despreciáis?
Sobre vosotros al instante mismo,
va a caer el rigor del rey mi amo;
el crudo golpe del fatal cuchillo
que, con felina rabia, mis soldados
descargarán en el marcial conflicto
sin perdonar edad, sexo ni estado.
EMBAJADOR CRISTIANO.-Basta, moro, no más; obra a tu arbitrio,
que yo he resuelto derramar mi sangre
por Dios, la patria y por el rey que sirvo.
EMBAJADOR MORO.-Pues ya que sordo estás a mis promesas,
ya que te burlas del esfuerzo mío,
ya que no te intimidan mis guerreros,
ya que desprecias los funestos filos
de mi alfanje, que tienen por costumbre
rendir al paso que se ven sus brillos,
llegó ya el lance; el aciago día,
en que, para mi gloria y tu castigo,
bajen los torreones de ese muro,
los altos capiteles y edificios
de esa villa, a besar con vilipendio
mi planta victoriosa, demolidos.
Esa será la gloria de este pueblo,
gloria que no dispenso a los vecinos,
porque en cuanto entre en él, sin quedar uno,
serán todos pasados a cuchillo.
Consumirá el incendio vuestras casas,
devastará vuestros hogares ricos,
todo será pavor, susto y espanto,
desolación, saqueo y exterminio.
EMBAJADOR CRISTIANO.- ¡Ciego, desventurado ismaelita!
Si tú hubieras tenido otros principios,
te diría que en mí obra una fuerza
superior a la tuya, pues confío
en el brazo invencible del Eterno;
tengo el carácter de su Hijo ungido;
llevo en mis triunfadores estandartes
la augusta insignia en que sufrir El quiso
la muerte más atroz e ignominiosa,
derramando el licor, licor divino
de su sangre, y salvar al mundo todo
que gemía esperando, aunque cautivo,
en la horrenda opresión de su pecado.
Con esta insignia quebrantó sus grillos,
rompió con esta insignia sus Cadenas,
fue el reino del infierno destruido,
triunfó de Lucifer. venció a la muerte,
cambió los ayes en alegres himnos.
Pues con la misma insignia en este día,
espero yo triunfar de tu atrevido,
de tu bárbaro e indómito coraje,
con general aplauso y regocijo.
Espero ver tus africanas huestes
alternando con quejas y suspiros
detestar, maldecir la infatuada
empresa de su pérfido caudillo;
espero, en fin, ver a mi pueblo triste,
libre de la penuria de este sitio,
cantar alegres salmos y alabanzas,
al Dios Santo, al Dios fuerte, agradecido,
y adornar los dinteles de sus templos,
con los trofeos que haya conseguido
en la victoria que impaciente espera.
EMBAJADOR MORO.- Sella tu labio y no tan presumido
cuentes por hecho aquello que la suerte
de las armas dará por decidido.
Tu orgullosa arrogancia me ha enseñado....
EMBAJADOR CRISTIANO.-Yo apoyo mi arrogancia en Jesucristo.
EMBAJADOR MORO.-Es un falso profeta.
EMBAJADOR CRISTIANO.- ¡Ah blasfemo!
Teme los rayos, teme los castigos
de su poder invicto e insuperable.
El tornará en venganza de sus hijos,
sembrará el terror, el susto y desorden
sobre tus huestes...
EMBAJADOR MORO.- ¡Ah soldados míos!
¡Al arma, al arma! y sientan los cristianos
el cruel estrago, los agudos filos
de vuestras impertérritas cuchillas.
¡Viva Al-Azraq! Tomemos el castillo.
EMBAJADOR CRISTIANO.- ¡Alcodianos! Por San Jorge y Aragón
defendamos la fe de Jesucristo.
|